Una historia con ciencia// 07 horas, 59 minutos

HOY COMIENZA UNA SERIE DE ARTÍCULOS QUE, MINUTO A MINUTO DEL DÍA MÁS COTIDIANO, HARÁN VISIBLE LA CIENCIA QUE NOS RODEA POR TODAS PARTES.




amanece a ritmo de cuarzo “Beep-beep, beep-beep”. ¡Oh, cielos, ya son las ocho! Cinco minutos más… No, mejor me levanto o se me pegarán las sábanas. Por suerte, ahí está, impertérrito, fiel y fiable, mi despertador. Tecnología barata y asequible que evitará que llegue tarde. ¿Has pensado alguna vez en cuánto confías en ese cacharro a pilas? Sea para llegar al trabajo, a clase o para no perder un vuelo, estás a merced de tu despertador. Pero no es esto lo más increíble. Lo que me fascina de mi despertador es que su mecanismo no sea muy diferente del de un encendedor de cocina. ¿Sorprendente, eh?
El secreto de la precisión del reloj digital es el cuarzo: el mineral más abundante de la corteza terrestre y que forma la arena de las playas. Los cristales de cuarzo tienen propiedades piezoeléctricas. Es decir, que si los comprimes, generan una tensión eléctrica. Es lo que hace el encendedor de la cocina, aprietas el botón y saltan chispas.
Lo mejor de este efecto es que también funciona al revés. Si lo que le aplicas al cristal es una tensión eléctrica, el cristal se comprime. El mecanismo del reloj aprovecha este efecto y, usando el voltaje de la pila, aplica una corriente constante al cristal. Lo que se consigue así es que el cristal –en forma de microscópica barra- oscile sin parar. Y muy rápido, por cierto: la mayoría de relojes utilizan un cristal que oscila a 32 kilohertzios o, lo que es lo mismo, 32.000 veces por segundo. Así que, cada 32.000 ciclos del cristal, el mecanismo del reloj mueve la manecilla de los segundos una posición; cada sesenta segundos, la del minuto y así hasta que se acaban las pilas y… ¡Llego tarde, llego tarde!



Dentro del despertador Este componente electrónico de tan solo 5 mm contiene un oscilador de cuarzo (en el detalle). Estos cristales en forma de barra vibran con una regularidad exquisita al aplicarles una corriente eléctrica (continua) y así sirven para medir el paso del tiempo en los relojes digitales


cuando el pelo se rebela Una ducha rápida para estar presentable y a la calle. Aunque, la verdad, con la humedad de hoy y el pelo mojado, no va a haber manera de peinarse. ¿Te ha pasado alguna vez lo de intentar poner orden en tu cabeza y encontrarte con que tu pelo tiene una idea muy distinta a la tuya? El cabello se riza por causa de la humedad, ya lo dicen los anuncios de champú, pero ¿sabes por qué la humedad lo vuelve tan revoltoso? La culpa la tienen las proteínas que forman el pelo. La queratina del cabello –así se llama la proteína- está formada por largas hélices de aminoácidos –los ladrillos que forman todas las proteínas-. Estas hélices se unen entre sí formando fibras y, bien, ¿qué es el cabello sino fibras largas de proteína que salen de nuestra cabeza? El rizo llega cuando las moléculas de agua del ambiente se mezclan en el mecanismo que pega unas hélices a otras.
Imaginaos que no hablamos de pelos sino de espaguetis. Cuando los espaguetis están secos, son lisos y cada cual va por su lado. Sin embargo, cuando los mojamos, el agua los vuelve pegajosos y les hace perder la forma. El efecto del agua sobre las proteínas del cabello es similar: los vuelve pegajosos y les hace perder la lisura. Los dos átomos de hidrógeno que tiene cada molécula de agua se enganchan, cada uno, a una hélice diferente. De esta manera quedan unidas entre sí formando lo que se conoce como puentes de hidrógeno. Esta fuerza extra hace que sea más difícil separar los cabellos o darles un aspecto impecable y tan liso como en los anuncios. De ahí que secar el pelo mientras lo estiramos consiga alisarlo. Porque deshace los puentes de hidrógeno extra al secar el agua a la vez que las uniones naturales entre hélices se vuelven a formar en cabellos bien estirados. Et voilà! Un café y ya estaré en marcha.


Dentro de un pelo Las cadenas de proteínas que forman el pelo tienen forma de hélice. Además de los enlaces químicos que las unen, responsables de la resistencia y elasticidad de nuestro cabello, con la humedad pueden formarse enlaces extra. Estos enlaces, llamados puentes de hidrógeno, son los que causan el encrespamiento y rizado típicos de ambientes húmedos. Por suerte, un buen secado los elimina y devuelve el orden a nuestra cabeza



el cafelito de la mañana Con leche o solo, en vaso enorme o breve tacita de expreso, es un hábito que muchos observamos con religiosidad. Qué digo muchos, ¡muchísimos! El 63% de los españoles mayores de 15 años, unos 22 millones de personas, declara que toma al menos un café diario, según el informe ‘Café & Té: hábitos de consumo de café en España’. Pero no se acaban ahí las cifras increíbles: en total, se consumen semanalmente más de 535 millones de cafés en España.
¿Por qué tanto café? Pues porque el café contiene un montón de cafeína, una molécula que actúa sobre nuestro sistema nervioso. Lo más curioso de su efecto es que no nos despierta o pone más alerta directamente. Lo que hace la cafeína es evitar que nos relajemos.
¿Habéis corrido alguna vez en una de esas cintas mecánicas del gimnasio? Aunque tú corres hacia un lado, la cinta, al avanzar hacia el opuesto, hace que no te muevas de lugar. Eso es lo que un científico llamaría un equilibrio dinámico porque, aunque el resultado final –tu posición- no cambia, nadie se está quieto. Pues el cerebro funciona de una manera muy parecida. Una parte de él está permanentemente excitándote, despertándote, y otra, todo lo contrario. La cafeína se entromete en el mecanismo que te relaja, permitiendo que el mecanismo que te excita le gane el pulso. El resultado es como si de repente pulsaras el botón de ‘stop’ de la cinta: ¡sales corriendo hacia delante!
¡Oh, yo sí que debería salir corriendo o no llegaré a tiempo!

©Luis Quevedo, 2009
www.luisquevedo.org

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