The Martian o el nuevo cool de la ciencia

Acabo de ver un pase de prensa de The Martian, la nueva peli de Ridley Scott y también la nueva peli de ciencia que está de moda y llega cargada de estrellas.

The Martian saca nota. Muy buena nota. Es uno de los cada vez más frecuentes ejemplos de que se puede hacer gran ficción con ciencia (y no sólo ciencia-ficción). Digo esto en contra del sentido más espectacular ‘al precio que sea’ al que muchas producciones de este género nos habían (mal)acostumbrado.

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La peli de Ridley Scott es ágil, entretenida, contiene pinceladas de humor medidas con exquisita precisión y manifiesta una práctica ausencia de jerga científica. A pesar de ello, no me ha sabido a poco desde el punto de vista científico. Al contrario, me ha sorprendido. Esta película me ha probado por primera vez en positivo una queja largamente acusada por un servidor: no importa el tema, el contenido en ciencia real o creíble, ni tan siquiera los cameos de científicos o las estrellas. Si los personajes no son creíbles, la ciencia hace aguas. Por mucho tiempo, en películas como Gravity o Interstellar y, sobre todo, en un grave pecado del propio Scott -Prometheus- he sufrido líneas inverosímiles de personajes completamente ajenos a la ciencia o la ingeniería. Seres de cartón-piedra más preocupados por el tono y la garra de lo que decían que de si aquello se ajustaba al contenido de la frase pronunciada inmediatamente antes -no digamos ya la coherencia de la escena-.

The Martian Launch One SheetThe Martian ha conjurado las pocas dudas que albergaba de que fuera imposible o, si no imposible como en el caso de 2001, al menos fruto de una genial casualidad no sistematizable. No, un público general puede disfrutar de una historia del mundo de la ciencia, con personajes científicos, emocionándose con ellos, haciendo suyos objetivos y pasiones ajenas. Esto, a fin de cuentas, es el trabajo del cine y la ficción.

Por el camino, la ciencia y sobre todo las personas que la practican son cada día más cool. El nerd no es solo un empollón. El nerd se acerca con peligrosidad al encanto del escritor o el poeta, y combina rasgos del atleta o aventurero. El científico es el atleta del intelecto del mismo modo que el escritor era el sibarita del intelecto.

¿Por qué ahora, hoy? Cuando yo estudiaba la ciencia no era cool. Yo era un raro. Creo que parte del nuevo valor social de esta empresa intelectual y sus protagonistas se desprende de dos cosas. Primero, la reciente crisis que ha devastado y ha renovado el odio antes indolente ante la corrupción y el aprovechado. Esta sociedad post-depresión está compuesta de cigarras maduras. Cigarras que tuvieron la enorme fortuna de sobrevivir al invierno y ahora valoran y entienden -hasta donde su naturaleza de cigarra se lo permite- a la hormiga. Y la ciencia, claro, es cosa de hormigas.

El segundo factor, algo más lejano en el tiempo, creo que es la resaca del 9/11, la guerra en Irak y el fundamentalismo de todo tipo que le siguió. La ciencia y los científicos aportan un aire fresco, global, intercultural y progresista que mucho estábamos necesitando. Matt Damon dice en un momento álgido de la película “estoy dispuesto a morir por algo más grande que yo” y consigue hacerlo sin sonar a terrorista suicida. Tiene mérito.

[Por cierto, y para no olvidar que esto es una película y las películas son negocios: el product placement es brutal. GoPro, Cisco, AOC, etc.]

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