#sciwri15: tuerto en el país de los halcones

Estoy en el tren de regreso, de Boston hacia New York, tras participar en mi primera conferencia de la National Association of Science Writers [Merece la pena echarle una ojeada al nutrido programa aquí sciencewriters2015].

Lo resumo en un tuit:

Tres cosas quiero resaltar: escala, erudición, ética.

Escala porque es lo que hace todos mis siguientes comentarios posibles. La reunión ha contado con 800 participantes provenientes de todos los rincones de la geografía americana y más allá. Para reunir a casa un millar de profesionales del periodismo científico deben poder existir éstos en primer lugar. EEUU tiene -a pesar de las crisis, a pesar de las quejas- suficientes lugares, publicaciones, lectores y aficionados para dar de comer de manera directa o indirecta a mucha gente. Esto es posible por cosas sobre las que he escrito largamente en otros lugares y me permito aquí citar brevemente:

Estados Unidos fue, desde su origen, un territorio fértil para la ciencia. Los “padres fundadores” asumieron que la única manera de que las diferentes confesiones religiosas pudieran convivir era establecer en la que sería la Constitución de la primera nación democrática moderna la libertad de conciencia total y absoluta:

Esta libertad de conciencia y la influencia de la ética puritana del esfuerzo y el trabajo personal creó, sin pretenderlo, un lugar ideal para librepensadores, locales y provenientes de todo el mundo.

En la era de la Ilustración, EEUU se convirtió en lo más parecido a la república humanista que los filósofos imaginaran. Por supuesto, la realidad distó y dista no poco de la imaginación, pero esta libertad, unida al desarrollo industrial europeo, convirtió a EEUU en un verdadero nuevo mundo de oportunidades.

La mitología estadounidense está repleta de elementos tecnológicos y científicos: Benjamin Franklin y Thomas Jefferson formaron parte de los fundadores de la nación, Edison, Ford, Bell y no olvidemos a Einstein, Oppenheimer, Sagan o, más recientemente, Neil DeGrasse Tyson. Algunos son personajes históricos, otros ocupan los medios hoy. El elemento aglutinador del grupo es que todos lo han hecho y hacen con total normalidad. La presencia del inventor o el científico en EEUU se asume con naturalidad y genera un respeto inusitado en comparación con Europa.

Luis Quevedo – Capítulo ‘La divulgación de la ciencia en EEUU’ para el Máster online de Comunicación Científica, Médica y Medioambiental de OCC-UPF.

El caso es que EEUU lidera en ciencia y para seguir liderando necesita una buena maquinaria de propaganda, ergo, el sano periodismo científico y tecnológico. O bien podemos invertir a la gallina y su huevo y decir que como EEUU produce su riqueza en gran medida gracias a la ciencia y la tecnología, la sociedad se interesa por ello en mayor medida. En EEUU también el fútbol americano, como en España el europeo, mueve masas y dinero. No es ‘en lugar de’ sino ‘además de’ cómo la ciencia llega a los medios y hace posible a esta saludable comunidad de periodistas.

Erudición: porque el nivel observado entre una mayoría de los participantes en el congreso es abrumador. No digo que sepan más que los no estadounidenses. Llevo demasiado tiempo en este país para saber que no es así, en absoluto. Pero, nuevamente, la escala del sector permite que hayan mucha más gente que se gana bien la vida con esto de ‘contar historias de la ciencia’. Mejores salarios son capaces de retener a personas más preparadas y/o especializadas.

Ética: porque cuando tienes a un grupo estable de profesionales que pueden dedicar tiempo y esfuerzo -de nuevo, crisis y quejas a parte- a su trabajo, entonces la carrera evolutiva no se precipita hacia el pozo energético delimitado por los salarios escasos o inexistentes, la citas a modo de pago, el estrés y la falta de tiempo. Cuando las condiciones son buenas, la conformación que adopta esta compleja molécula de escritores y cuenta cuentos está definida por el rigor, el debate y la experimentación.

Por principio, me niego a tomar la postura de quien cree que todo jardín ajeno es más verde, sobre todo si ese verde es el green de Harvard Square o el MIT. Creo que esto es cuestión de una simple economía de escala, cualificada por muchas otras variables: cultura, historia, política, negocios.

¿Qué creo que podemos aprender los que lidiamos en español de esta exitosa organización? No tengo ni idea. No estamos rodeados de las universidades de élite estadounidenses. No tenemos medios capaces de pagar lo que los americanos. No tenemos la escala que la cultura anglosajona maneja. Lo mejor que podemos hacer es apuntar a este nivel, disparar y tratar de caer cada vez más cerca de la marca. Con ello, estaremos remando en la dirección correcta. Si, además, se nos unen otros pedazos de la sociedad, tarde o temprano llegaremos.

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