Lentes científicas contra la presbicia dogmática// The Moral Landscape

Sam Harris es uno de los cuatro jinetes del ateísmo -Richard Dawkins, Daniel Dennett, Christopher Hitchens y él- y, como tal, un agitador intelectual perenne. Todo empezó con sus estudios en filosofía en Stanford que culminaron con un doctorado en neurociencia en UCLA. Lleva años investigando los mecanismos que se esconden tras la fe y el pensamiento racional y volcando sus averiguaciones en libros de éxito internacional -El final de la Fe o The End of faith,Carta a una Nación Cristiana o Letter to a Christian Nation-.

 

Hace un mes escaso que publicó su trabajo más reciente y ambicioso The Moral Landscape, que se traduciría por El Paisaje Moral, y que lleva el potente subtítulo de Cómo la ciencia puede  determinar valores humanos. En él propone a la ciencia como la mejor herramienta para solventar -en la medida de lo posible- los problemas morales que aquejan al mundo, envenenado por la moral dogmática, inflexible y tantas veces imposible que proponen -¿o imponen?- las principales religiones.

La historia va así:

Gracias a técnicas como la resonancia magnética nuclear (MRI), podemos cuantificar (o, podremos, en un futuro cercano) el nivel de bienestar de un ser humano. ¿Cómo? Pues porque técnicas como ésta permiten ver qué regiones del cerebro están más activadas y éstas se pueden relacionar con patrones conocidos en situaciones de estrés, dolor, placer, engaño…

Si admitimos, como propone Harris, que el mejor objetivo posible para una ciencia del bienestar es maximizar en la medida de lo posible el bienestar de todos los seres humanos, entonces lo que debemos hacer es buscar qué soluciones a problemas morales aumentan más ese bienestar objetivamente.

De este modo, solucionamos el problema del relativismo moral “extremo”. Es decir, que no “todo vale” bajo el punto de vista de Harris, sino que, aunque puede que haya más de una solución equivalente para muchos problemas, está claro que la(s) que escojamos deberá ser la que más bienestar provea.

Esto, que puede sonar algo extraño, lo cristaliza en una metáfora visual muy atractiva: el Paisaje Moral.

Imagina un mapa de geografía física, uno en tres dimensiones, es decir, que no solo te informa de la distancia horizontal entre dos puntos, sino también del relieve del camino. La idea de Harris es que, cada valle o cada pico son valores de bienestar asociados a una u otra elección ética, legislativa, política. Harris nos hace esta pregunta: ¿no es sencillo ver que el Afganistán de los Talibanes representa un valle en ese mapa, un lugar donde falta libertad para decidir, educación, salud, riqueza? ¿no es igualmente fácil pensar que el sufragio universal, la igualdad en el empleo, la educación universal, el acceso a la sanidad son picos en este territorio?

Para los que digan que nunca podremos saber si una chica afgana najo la tutela de los talibán es feliz o no, porque las diferencias culturales lo son todo en temas de moral y bienestar, Harris dice que si podemos medir ese bienestar objetivamente (MRI, etc.), entonces la imposibilidad de juzgar se acaba y la responsabilidad de actuar empieza.

A mí el libro me ha gustado y dejado tíbio, a la vez. Me explico, la idea es buena, no es nueva en sí, pero la combinación con la neurociencia es interesante. De todos modos, hay algo que no acaba de resolver ¿qué es bienestar? Harris lo define en negativo, es decir, falta de sufrimiento, de obligación, de impotencia, de analfabetismo, de enfermedad. Pero ¿hacia dónde avanzar en el Paisaje Moral? ¿Cómo resolver lo que de verdad es beneficioso para la humanidad? Esto no lo resuelve de una manera suficientemente clara.

Creo que es un libro que merece la pena ser leído, valorado, sobre todo por aquellos que no hayan leído antes a J.S.Mill y tengan un concepto de liberalismo deformado por la política. Ojalá alguna vez, el problema más grande que tengamos sea el de definir con suficiente precisión qué es el bienestar humano. Por ahora, seguimos con las declaraciones del Papa en Barcelona, con las burradas de la Extrema Derecha Europea, con una China abierta al mundo à la china -es decir, de imitación-, con muertos en Afganistán, con más de lo mismo en Irak, con Marruecos y el Sàhara… y con una ciudadanía adolescente.

Salud y cultura,

Luis

Comentarios

tu texto...

Deja un comentario