El latido de este corazón nervioso

Un cerebro de un paciente que falleció, probablemente, afectado de Alzheimer. Está fileteado, como si se tratara de un pedazo de lomo, en una de las mesas del Banco de Cerebros de la Fundación Reina Sofía de Madrid.
Luis Quevedo

 

Los descubrimientos que hace la neurociencia son en verdad turbadores: me siento como soy pero, en realidad, soy lo que siento. Algo que, además, no permanece. Soy fluido, líquido un ser adaptable que no sabe que lo es. Como un niño pequeño que juega a ser adulto y adopta posturas tajantes, absolutas, ante menudencias de la vida. Lo veo y me entra, también, esa especie de tristeza dulce, azucarada. Cree que sabe pero no sabe. Como yo pienso y creo, pero no soy dueño de mis ideas ni de mis emociones. Mi cerebro existe por un imperativo evolutivo y yo no soy sino el latido de este corazón nervioso, digestión de las enzimas neuronales.

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