Judith Harris y el ‘Efecto Gran Hermano’

Cuando hace ya más de una década Mercedes Milá dijo mirando a cámara que Gran Hermano era un ‘experimento psicológico’ no escaseó quien se lo tomara a pitorreo. En la década que siguió a aquel pronunciamiento, el estandarte de la cultura del ‘reality’ tuvo un éxito desigual entre el público y la academia. [Merece la pena leer este recap al cumplirse la década del programa del Profesor de Sociología de la Universidad de Navarra, Alejandro Navas].

Hay, sin embargo, un llamado Efecto Gran Hermano que es bien conocido por los verdaderos orfebres del asunto: los editores de televisión. Ellos son los que cortando, pegando, seleccionando qué retales de historia deben pasar a formar parte de la Historia, nos descubren una curiosa propiedad de cualquier grupo de personas condenadas a interactuar en un reducto limitado y sin posibilidad de escapatoria -la casa de Gran Hermano, la escuela, la oficina entre 9 y 5- no importa quién sea expulsado, siempre habrá una guapa y un guapo, un bufón y un patito feo, ah, y el o la ortodoxa dispuesta a defender el statu quo por encima de cualquiera.

El EGH describe una serie de valles energéticos, configuraciones de mínima energía,  en el espacio-tiempo social que atraen a los sujetos más afines o cercanos. Una vez en ese pozo social energético, el papel a desarrollar, tu lugar en el grupo queda claro, es coherente y funciona en sincronía con el resto de la [mini]sociedad en cuestión.
Con esto no estoy sancionando el determinismo social ni las tesis más duras de la sociobiología. Tan sólo describo algo que estoy seguro una mayoría ha experimentado en su vida en innumerables ocasiones. Esto es lo que me ayudaba a explicar en mi adolescencia paradojas de la talla de que la guapa creída luego fuera una tímida amante de Bach en casa de sus padres o que el bufón sea un leonino defensor del tonto de la clase, etc.
_visd_0001JPG07YC7 41nwLZcjsMLPienso en ello porque hace tiempo un muy buen amigo que había sufrido la edición de horas y horas de reality me llamó la atención sobre el fenómeno. Por eso y porque estoy escribiendo sobre el trabajo de Judith Harris y, en más de un sentido, me parece que esta pensadora independiente y radical de la psicología del desarrollo ha explicado, sin proponérselo, el Efecto Gran Hermano en su libro ‘No two alike’ o ‘No hay dos iguales‘.

Veremos qué me sale para EL MUNDO. Hoy ha salido la pieza que hice sobre Walter Mischel y el Test de la golosina y parece que está gustando en la web. Vamos, regresemos al tajo.

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