El agua al cuello y el pie en la Luna

Hoy se cumplen 46 años de esta histórica portada del Washington Post y otras tantas análogas en medios de todo el planeta. La llegada del hombre [porque eran otros tiempos, hoy diríamos la humanidad] a la Luna.

wapo moon walk

Hace unos años que me trasplanté a Estados Unidos y, desde entonces, mi concepción de la carrera espacial es muy distinta. Tal vez porque en España no tenía un lugar claro en mi todavía demasiado joven cerebro. Porque era algo de una generación anterior. Cuando menos, la de mis padres. Aquí también llega a los jóvenes… aunque la intensidad, el brillo que delataban las pupilas de personajes con los que he tenido la suerte de compartir algún que otro rato aquí en Nueva York [Ira Flatow, alma de Science Friday, o el mismísimo Neil deGrasse Tyson, director del Hayden Planetarium del AMNH y conductor de Cosmos] no tiene parangón entre las nuevas generaciones.

Neil Tyson insiste en que el Espacio -con mayúscula- es una herramienta única para inspirar a una nueva generación de científicos y, con ello, mantener el liderazgo tecnológico, militar y, claro, económico de EEUU en el mundo. Para los norteamericanos, del éxito de la divulgación depende su capacidad para mantener o extender su cómodo nivel de vida. Esto me recuerda a un cuento hindú que leí hace tiempo:

Un joven que visitó un hombre santo que menditaba debajo de un árbol. El joven le dijo: “Quiero ver a Dios. Muéstreme cómo puedo experimentar a Dios.”

El viejo no le contestó y continuó con su meditación. El joven regresó al día siguiente con la misma petición, y el siguiente y el siguiente, y aún así no hubo respuesta.

En el día que iba a ser su último intento, el joven encontró de pie al hombre santo. Él dijo: “Pareces ser un buscador genuino de Dios. Esta tarde voy a ir hasta el río para bañarme. Nos vemos allí.”

Cuando los dos estaban en el agua, el hombre agarró la cabeza del joven con firmeza, la empujó bajo el agua y la sostuvo allí. El joven forcejeó para llegar a la superficie. Pasaban los segundos y el joven continuó agitándose. Cuando, finalmente, fue puesto en libertad, se puso de pie sin aire. El hombre santo esperó y luego con calma dijo: “Ven mañana a verme al árbol.”

Al día siguiente, el hombre santo habló primero. “Dime, ¿por qué luchaste así mientras yo sostenía tu cabeza bajo del agua?”

“Porque”, dijo el hombre. “¡No podía respirar! Sin aire habría muerto.”

El hombre sonrió y dijo: “El día que desees a Dios tan desesperadamente como deseaste al aire, seguramente lo encontrarás.”

En fin. Perdón por el momento espiritual y tal. No es lo que acostumbro en el blog pero la historia contiene una moraleja que trasciende estos asuntos. En EEUU, a pesar de los pesares, a pesar de que los chavales mejor preparados prefieren trabajar en Wall Street, a pesar de que el nivel educativo -por no hablar del cultural- promedio sea descorazonador, a pesar de… Lo cierto es que aquí, sin ciencia, estarían como el hombre joven bajo el agua y, dejadme que os diga una cosa: aquí les gusta mucho respirar. Casi tanto como la comida abundante, los SUVs o vestirse de chándal para viajar en avión.

Spencer Elden, now 20, recreates his pose on Nirvana’s Nevermind album cover. This spoof of the cover was taken by British photographer John Chapple

En nuestras culturas no anglosajonas, llámense España o las Américas, me da la sensación de que, o bien estamos sanamente por encima de nuestra línea de flotación, o bien somos un grey anfibia que no tiene problema en estar dentro o fuera del agua. Hay quien decide echar piedras sobre el propio tejado y asume que todavía no hemos abandonado el estadío íctico, que somos una suerte de organismo menos sofisticado -con muchas agallas pero ni medio pulmón- que pertenece a las profundidades abisales del mundo globalizado.

Tengo una respuesta mejor. Una respuesta doble que, cual una bofetada a dos manos, te atiza el primer año que pasas en estas tierras: Ley y fe en el prójimo. Es decir, que aquí prefieren esperar lo mejor y preparase para lo peor, en lugar de esperar lo pero mientras -uno se ve tentado de decir “paradójicamente”- se prepara para lo mejor o para nada en absoluto.

Aquí invierten, animan, arriesgan… mientras se aseguran de tener las garantías legales necesarias  para hacerlo con cierta seguridad.

No debe ser fácil cambiar el talante de un país, de una cultura. Pero no por ello debemos dejar de intentarlo. Como me contó Andrés Oppenheimer en una conversación hace no mucho “Se puede cambiar muy fácil. Países asiáticos como Singapur o Corea del Sur registran diez veces más patentes que América Latina [y] hace 40 años eran más pobres que los nuestros.

¿Vamos?

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