Bajo el suelo de esta casa (es una reproducción, claro) los habitantes de una de las primeras ciudades que construyó la humanidad enterraban a sus muertos. Los pobladores de Çatalhöyük, cuando las débiles paredes de adobe de sus habitáculos cedían, construían encima una nueva casa. Vivían, pues, literalmente sobre sus antepasados. Construían su ciudad sobre sus antepasados. (Una ciudad, por cierto, sin calles donde se accedía a las casas por una abertura en el techo.)

Salvando las distancias, tal vez sea lo que nos impulsa hoy a mantener edificios antiguos (pero icónicos, llenos de historia e historias) en las modernas ciudades que apenas tienen espacio para crecer. Con más del cincuenta por cierto de la población mundial en núcleos urbanos, y más que está por llegar, nos resistimos -sabiamente- a cortar nuestras raíces pues con ellas perderíamos memoria e identidad.

¿Cómo construir la ciudad del futuro, hoy? ¿Qué podemos aprender de lugares y tiempos como los de Çatalhöyük o Göbleki Tepe para guiarnos aquí y ahora?

Comentarios

tu texto...

Deja un comentario