Una historia con ciencia // 09 horas, 29 minutos

Prosigue el día más largo que recuerdo. El fin, lo he conseguido, he logrado llegar a tiempo a la entrevista de trabajo.

Entro en la entrevista de trabajo

Esto empieza bien. Suerte que me dio por estudiar la web de la empresa antes de venir… Lo que no aparecía en la web es la foto de este tipo que me está entrevistando. Está hecho todo un dandy, con la barba y el cabello perfectamente recortados…
Para ser unos monos sin pelo, la barba y la cabellera son una característica extraña de nuestra especie. Es curioso descubrir que no hay acuerdo entre los científicos sobre el por qué del pelo humano.

 

 

 

barba

 

Parte de la explicación del cabello tiene que ver con proteger la cabeza de la intensa radiación solar que castigaba a nuestros antecesores en África. Cualquiera que haya pasado más rato del aconsejado en la playa, sabe a lo que me refiero.
El problema es que eso explica por qué el cabello nos cubre parte del cráneo pero no dice por qué es tan rematadamente largo –el cabello crece en ciclos que duran 7 años a razón de medio milímetro al día… vamos, que ¡puede llegar a metro y medio de melena sin problemas!- Además, está el problema de la barba. Seguro que ayuda a distinguir a un hombre de una mujer pero ¿por qué es tan larga? La explicación que más me convence es la de que nos sirvió para diferenciarnos del resto de especies con las compartíamos hábitat. El “nuevo mono”, hábil cazador y fabricante de herramientas, tenía un aspecto amenazador, facilmente reconocible desde lejos: un cuerpo desnudo, con una enorme cabeza –la cabellera-. En el caso de los machos, este aspecto era extremo porque, a la ya pronunciada mandíbula, se le sumaba la barba, dándoles un aspecto especialmente distinguible.
Aunque esta teoría pueda parecer algo peregrina, solo hemos de revisar un puñado de las especies de simios vivas hoy día para comprobar que muchas lucen tocados dignos de un concurso de peluquería.

 

 

 

monobarbudo

 

Un mono con barbas. Los cercopitecos (género Cercopithecus) son primates catarrinos de la familia Cercopithecidae. Agrupa a 5 superespecies y 28 especies. Su tamaño máximo es de 1,3 metro y su peso es de unos 8 kilogramos. Su expectativa de vida, es de unos 25 años. Sí y, además, tiene una barba muy pintoresca.
Tengo que rellenar un test de prevención de riesgos laborales en un ordenador

Bueno, menos mal que ya se ha acabado el discurso sobre la heroica biografía de esta santa casa… Ahora un test electrónico y ya está.
¡El ratón funciona fatal! A ver si con el teclado… Menudo teclado, tiene mil funciones extra que nadie usará jamás. Lo que no cambia es la disposición de las letras. ¿Os habiais preguntado alguna vez por qué así y no de otra manera?
La historia me ha fascinado siempre. Resulta que el orden en que se encuentran las teclas en un teclado qwerty. El teclado se llama así por la serie de la segunda fila de letras. Esta serie es la misma desde 1878, diez años después de la invención de la máquina.

 

 

 

teclado_ok_

 

El mecanismo de aquellas máquinas –que habreis visto alguna vez aunque, probablemente ya, en una película o un museo-, era capaz de imprimir tipos perfectos sobre una hoja de papel, pero fallaba muy a menudo. El problema era que cuando se pulsaban dos teclas seguidas muy rápidamente, las varillas metálicas quedaban trabadas. Liberarlas de nuevo era un proceso molesto, sucio y que reducía mucho la velocidad de escritura.
Aquí es donde Christopher Sholes, inventor de la máquina, aplica una lógica algo perversa para solucionar el problema: ¿El cacharro se encalla al escribir rápido? Pues escribamos lento.
Sholes tenía claro que una nota grabada en la máquina como “Escribir rápido puede dañar las varillas metálicas y reducir notablemente la velocidad final de escritura” tendría tanto éxito como las que hoy en día aparecen en las cajetillas de tabaco. Lo que se le ocurrió a Sholes fue redistribuir las teclas del modo más ineficiente posible. Así, la frecuencia con la que se producían los fallos se reduciría.
Et voilà! Nació el teclado, qwerty, y yo, me voy de aquí.
Aprovecho para pasar por un super mercado y llenar un poco la nevera.

¡Un súper! Después del estrés de esta mañana, lo último que necesito es llegar a casa y comprobar que la nevera sigue haciendo eco. Hoy me voy a preparar algo rico para celebrar.
Veamos, algo para la ensalada, pasta… ¡pan de molde! Queso y ¿pavo? ¿compro pavo en lonchas? La verdad es que con tanta publicidad, casi han conseguido metérmelo en la cabeza.

 

 

 

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Es interesante leer las etiquetas de los alimentos. Sobre todo, los envasados. En letras seductoras nos dicen cosas como “100% carne de pavo” y, claro, como todos sabemos que el pavo tiene poca grasa, luego nos ponen “para los que les gusta cuidarse comiendo, más sano y con menos grasa”.
El problema es que, aunque el 100% de la carne sea de pavo, el pavo en lonchas no solo es carne –atención, lo que sigue no puede aplicarse al “100%” de las marcas, por eso hay que leer las etiquetas-. Junto con la carne, algunas marcas añaden almidón. El almidón no es nada peligroso, es un azúcar vegetal muy común y abundante ¿Por qué añadirlo? Pues porque el almidón es barato y sacia.
Esto no sucede tan solo con el pavo sino con la mayoría de loncheados, en su paquete de plástico, esperando a ser deborados. Pueden parecer muy sanos pero no es oro todo lo que reluce: ¿o creeis que se pueden comprar duros a cuatro pesetas?

 

 

 

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Pavo sin grasa pero con extra de patatas. El almidón que se añade a los loncheados proviene de la patata. Una manera sencilla y divertida de comprobar en casa si un alimento contiene almidón es echarle unas gotas de lugol –si lo podeis conseguir en una farmacia- o de yodo –el antiséptico-. Si el líquido pasa de marrón a azulado ¡Bingo! Hay almidón en mi comida

©Luis Quevedo, 2009

www.luisquevedo.org

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