¿Por qué las polillas revolotean sobre las farolas?

Suena Serrat en el iTunes y escucho “A esa muchacha […] que tuvo al barrio entero revoloteando como polillas en las farolas”
¿Os habeis preguntado alguna vez por qué las polillas quedan absolutamente hechizadas por una fuente de luz intensa como una llama o una bombilla?

La solución a esta regunta es una de mis anécdotas sobre la naturaleza favoritas. Vamos a por ello pero antes, una aclaración: lo que sigue es una teoría no probada (ladrillo esencial del modelo científico!!!) pero muy entretenida y que, además, exige un poco de gimnasia mental de la natural. Nada de Brain Training, geometría de la buena!

Cuando nos preguntamos por qué las polillas se suicidan contra una lámpara incandescente en mitad de la noche, puede que estemos haciendo la pregunta equivocada. Pensad por un momento ¿Cuánto hace que existen las fuentes de luz artificales? Más allá de un fugaz relámpago en mitad de una tormenta o del resplandor de un incendio -tal vez causado por el mismo relámpago- nunca hubieron luces en la noche. A lo largo de la historia de este planeta que habitamos no ha habido nada remotamente parecido a la bombilla que ilumina mi jardín en las tíbias noches de primavera… Una bombilla que tarda pocos minutos en atraer a un montón de insectos que no se irán hasta que no la apague o mueran abrasados por su calor insoportable (¿Acaso otra razón más en favor de las bombillas de bajo consumo?)

Divago: Como iba diciendo, la pregunta es equivocada. Lo que debemos preguntarnos es qué mecanismo, qué estrategia, probablemente destinada a la supervivencia de la especie, se ve engañada por la luz artifical.

Las polillas son insectos voladores y también son insectos nocturnos. Además de insectos, voladores y nocturnos, resulta que migran o pueden migrar. Existe la teoría que propone que para orientarse en la noche, utilizan la luz de la Luna.
El mecanismo es sencillo, como la Luna no se mueve mucho durante la noche, una buena manera de navegar consiste en volar manteniendo un ángulo constante a la luz de la Luna. Digamos, 30 grados.
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*El truco es entender por qué la Luna parece estar quieta en el firmamento a pesar de que estemos conduciendo, a toda velocidad, por una carretera nocturna. En la foto tenemos una de esas carreteras -extraída de un viaje a la India increíble-. A todos nos ha sucedido alguna vez fijarnos que, aunque los objetos cercanos pasan rápidamente a nuestro lado (las vacas de la foto) parece que los lejanos se tomaran mucho más tiempo para hacer lo mismo (la torre eléctrica). Pues, cuanto más lejos, menor es el movimiento aparente. La Luna está muy, muy lejos por lo que es una buena estrategia de orientación asumir que no se mueve en absoluto.

Sigamos. La Luna está muy lejos, una polilla puede confiar en que el punto de luz nunca se moverá. Pero la luz artificial piratea ese mecanismo doblemente.
Primero porque entre la luz de la Luna y la de una bombilla, está claro que la más intensa -para una polilla de mi jardín- es la de la bombilla y, por tanto, a todos los efectos pasa a ser la Luna para el pobre insecto.
Segundo porque esta nueva Luna, al contrario que la anterior, ¡¡¡sí se mueve!!! O, mejor dicho, la polilla, al volar, ve cómo ese ángulo que mantenía a 30º rápidamente cambia.

Bien, si el mecanismo consistía en que la polilla mantiene un ángulo (30º) constante entre la Luna y su dirección de vuelo a fin de volar en línea recta a pesar de los efectos del viento u obstáculos varios: ¿qué hara la polilla cuando el ángulo crezca a, digamos, 45º?
Fácil, rectificará su dirección para volver a establecer un ángulo de 30º. El problema es que como se encuentra muy cerca de la fuente de luz, en seguida, ese ángulo volverá a crecer. Por tanto, la polilla rectificará de nuevo… y, así, ad infinitum.
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En el dibujo se ve claro cuál es el resultado de este mecanismo: la polilla acabará cayendo, inevitablemente, en las garras de la bombilla.
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A uno le asalta la pregunta ahora de ¿por qué no ha habido ningún depredador que haya desarrollado una luz artificial, como la de algunos peces abisales, para atraer a las polillas y ponerse morado de comida fácilmente? Tal vez no lo haya o no lo hayamos descubierto todavía…
En fin, una curiosidad para explicar en estas primeras veladas al calor del fuego entre amigos, copas y… polillas.

¡Feliz llegada del frío!

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